Después de la tormenta, viene la calma

En el medio de Palermo existe un lugar donde todo el stress generado por los ruidos de Buenos Aires, los jefes insoportables, y las divinas de nuestras suegras, puede ser liberado. Guido Dodero abre la puerta para hacernos entrar a “The Break Club”. El rock irrumpe en la escena, y los vidrios rotos suenan de fondo. La armonía del living rompe con la idea del desorden, y Guido responde nuestras preguntas.

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¿Cómo surge esté lugar, donde podés venir a romper todo?

Vengo quemado del mundo creativo. Estudié publicidad y después diseño de transporte. Se me generó la necesidad de comunicarme con la gente, y que la comunicación sea “ida y vuelta”. Por ahí en una publicidad, haces una gráfica y, salvo que sea para Coca-Cola, no la ve todo el mundo. Acá veo a la persona que entra con cara de tímida, que no sabe qué carajo está haciendo, y sale con cara de “me acabas de volar la cabeza”. Eso está buenísimo.

¿Y como relacionas el mundo creativo el hecho de destruir?

Hay como una construcción paralela. Una cosa es destruir y una cosa es construir. Y acá es como es que estás destruyendo para construir. Destruís barreras, mucha gente entra muy tímida. La realidad es que ponerte en ese lugar te ayuda a crecer, te ayuda a construirte. Uno le tiene un poco de miedo a ver que le puede pasar si entra a romper, y hacerte pasar por esa etapa es parte de esa construcción. Además, después de romper, entras a una habitación de relax para meditar y terminar de darle sentido a esta experiencia.

¿Y qué podemos venir a romper a The Break Club?

Botellas, plasmas, monitores, computadoras, televisores…Un poco de todo. Si tenés algo en particular, que quieras romper, también está todo bien. Dentro de las cosas que se pueden reciclar, no hay problema. Podes armar la movida como vos quieras, desde lo que rompes, hasta la música con la que lo haces. Hay gente que trae fotos. Me acuerdo una chica que era telemarketer, y trajo el teléfono con el que laburaba. Cuando se lo cambiaron, en vez de tirarlo, agarró, lo guardó, y dijo: “un día de este teléfono me voy a vengar, y lo voy a hacer mierda”, y lo trajo… Así quedó imaginate.

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¿Y qué se hace con todos los restos de lo que se rompe?

Todo se recicla. Yo viví en Barcelona y en Alemania, así que el tema del reciclaje ya lo tengo re incorporado. De repente volver acá y ver que todo va a la misma bolsa te da un poco de bronca, porque hay cosas que son una boludez dividirlas. Esta bueno que nos ocupemos un poco de nuestra basura. La generamos nosotros, ocupémonos nosotros.

¿Y la idea del reciclaje surgió desde un principio?

Empezamos diciendo que nos gustaría romper. Hicimos una lista de todas las cosas, y ahí nos empezamos a informar. De repente terminé hablando con cooperativas, y ahí empecé a entender mejor, que cosas tengo disponibles para romper, y que cosas se pueden reciclar. Después, dependemos de la disponibilidad del camión. Yo no me meto mucho en esa parte, pero si entiendo que está bueno que exista como parte del negocio. Entendamos que lo que llega acá, ya no sirve. Como ya no sirve, nos vamos a ocupar de que vaya al lugar de destino final que corresponde.

Por ultimo, le pedimos a Guido una anécdota sobre algún cliente, pero un llamado interrumpe la charla dándonos una sorpresiva respuesta. Esteban, llamaba para reservar un turno con el fin de proponerle matrimonio a su pareja. La sonrisa de Guido se ilumina, y continúa su charla telefónica. Mucho más no era necesario agregar

http://thebreakclub.com/

Manuel Oubiña

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